Trnava me sorprendió, aunque creía conocer el oeste de Eslovaquia de memoria. En la ciudad no te pierdas las murallas, el subsuelo con sus criptas y bodegas, la torre municipal ni la basílica de San Nicolás. En los alrededores te recomiendo una cata de vino en Terra Parna y otra de hidromiel en Medolandia. Eso sí, que el conductor no pruebe ni gota.
- Dónde me alojé
- en el centro, en Apartments 1620yr, un edificio renacentista de 1620, y un año después en la casa señorial de Voderady
- Visita gratuita
- en julio y agosto las visitas guiadas gratuitas salen de delante de la torre municipal y duran alrededor de una hora; yo hice la ruta Trnava sacra
- Para un café
- Synagóga Café, en una sinagoga restaurada, uno de mis cafés favoritos de Eslovaquia
- Medolandia
- entrada de 5 € de mayo a septiembre y gratis de octubre a abril; rosas en verano, hidromiel y pan de jengibre en invierno
- Terra Parna
- las cenas de cata de la bodega de Ružová dolina se agotan con meses de antelación
Contenido9 capítulosOcultarMostrar
- 01Dónde alojarse en el centro histórico de Trnava
- 02Qué ver en Trnava y alrededores según Milan Bez Mapy: monumentos y consejos
- Por qué a Trnava la llaman la Pequeña Roma y qué hay realmente detrás
- La ciudad subterránea de Trnava: criptas y bodegas
- Las murallas de Trnava
- La plaza de la Santísima Trinidad y el mercado navideño
- La torre municipal de Trnava y su reloj mecánico
- Synagóga Café y la cafetería del teatro Ján Palárik
- 03La basílica de San Nicolás y el cuadro que, según la leyenda, salvó tres veces a Trnava
- 04La azucarera de Trnava, el corazón industrial de la ciudad
- Breve historia de la azucarera de Trnava
- 05El parque inglés de la casa señorial de Voderady, el primero de su tipo en Eslovaquia
- 06Terra Parna, la bodega donde por fin entendí por qué el Modrý Portugal no es portugués
- 07Medolandia y la rosaleda de la condesa de las rosas, a la que le gustaba Beethoven
- Medolandia y la cata de hidromiel
- 08Dónde comer y adónde ir a catas de vino y de hidromiel cerca de Trnava
- La bodega Vína z Mlyna, su pato asado y su vino de misa
- La bodega Mrva & Stanko
- La bodega Karpatská Perla
- Cata de hidromiel en Smolenice
- Bistro PERK
- 09Visita a la casa señorial de Voderady: cena y alojamiento
¿Qué ver en Trnava y alrededores? Lo confieso: creía que el oeste de Eslovaquia lo tenía recorrido de punta a punta y que me lo conocía al dedillo. Cuando Región Trnava, la organización de turismo de la región, me invitó a visitarla, pensé: «¿Por qué no? Seguramente no veré nada nuevo, pero al menos me daré una vuelta por Eslovaquia». ¿Y sabes qué? Todo fue nuevo, absolutamente todo. Aquí te cuento qué ver en Trnava.
Trnava es una de las ciudades más antiguas de Eslovaquia. En 1238 fue la primera población de la actual Eslovaquia en obtener derechos de ciudad. Su centro histórico está rodeado por unas murallas que figuran entre las fortificaciones mejor conservadas de Eslovaquia y de Europa.
En el pasado la ciudad fue un centro de religión, cultura y saber, y eso se nota todavía hoy 🙂 Y luego está todo ese vino y ese hidromiel excelentes, que aquí puedes catar de la mañana a la noche. Créeme, lo probé, jaja. Deja las maletas y que empiece la visita.

Dónde alojarse en el centro histórico de Trnava
En Trnava hay muchas opciones de alojamiento, así que solo te puedo recomendar la que probé yo. Cuando duermo fuera, me gustan los sitios auténticos, con personalidad propia.
Me alojé en pleno centro, en Apartments 1620yr. Los apartamentos están en un edificio renacentista de 1620, un importante ejemplo de arquitectura burguesa declarado monumento cultural nacional.

La casa es un ejemplo típico del Renacimiento, con una galería de arcos que le da un carácter histórico muy particular. Despertarme aquí por la mañana fue toda una experiencia. Si vas en coche, también puedes alojarte en la casa señorial de Voderady, donde me quedé un año después. Más abajo te hablo de la casa señorial y del parque que esconde detrás.
Qué ver en Trnava y alrededores según Milan Bez Mapy: monumentos y consejos
- Por qué a Trnava la llaman la Pequeña Roma y qué hay realmente detrás
- La ciudad subterránea de Trnava: criptas y bodegas
- Las murallas de Trnava
- La plaza de la Santísima Trinidad y el mercado navideño
- La torre municipal y las vistas de toda Trnava
- Synagóga Café y la cafetería del teatro Ján Palárik
Por qué a Trnava la llaman la Pequeña Roma y qué hay realmente detrás
La respuesta «porque hay muchas iglesias» ya la había oído muchísimas veces, también cuando vine a Trnava por primera vez. Pero no fue hasta mi última visita cuando alguien me lo explicó con pelos y señales. Fue el guía Slavomír Dzvonik, de la oficina de turismo local, en un recorrido gratuito por la ciudad. Y tengo que reconocer que el motivo real es mucho más interesante que el número de torres.
En 1526 los húngaros perdieron la batalla de Mohács. Pocos años después, los otomanos ocuparon Esztergom, hasta entonces sede del arzobispo del Reino de Hungría. La élite eclesiástica necesitaba un sitio nuevo y seguro, y eligió precisamente Trnava, una ciudad con murallas sólidas. El arzobispo de Esztergom trasladó aquí su sede en 1543 y se quedó casi trescientos años, hasta 1820. Exactamente por lo mismo, Bratislava se convirtió entonces en la ciudad de las coronaciones. Los otomanos habían ocupado los antiguos centros del país, así que todo lo importante se desplazó hacia el oeste.
Así, durante tres siglos, Trnava fue el centro religioso y cultural de todo el Reino de Hungría. En 1635 el cardenal Péter Pázmány fundó aquí una universidad que atrajo a miles de estudiantes. Y órdenes como los jesuitas, los franciscanos, los paulinos, los trinitarios, las clarisas o las ursulinas fueron levantando, una tras otra, sus propias iglesias y conventos. Por eso el pequeño centro histórico tiene tantas torres. No es casualidad ni moda, sino la consecuencia de que la administración eclesiástica de todo el país se mudara aquí durante tres siglos. No fue hasta 1777 cuando la universidad se trasladó a Buda y Trnava perdió su posición privilegiada. Pero el apodo de Pequeña Roma lo conserva hasta hoy.
- Consejo de Milan En julio y agosto, Trnava Tourism organiza visitas guiadas gratuitas que salen de delante de la torre municipal. Duran más o menos una hora y son aptas también para niños y extranjeros. Yo me apunté a la ruta «Trnava sacra», centrada en los monumentos religiosos, y el guía hasta va vestido de época. Hay una segunda ruta, «Trnava svetská» (la Trnava profana), que te lleva a sitios normalmente cerrados al público. Por ejemplo, a un bastión de las murallas.
La ciudad subterránea de Trnava: criptas y bodegas
La «Pequeña Roma», como ya te he contado, no solo esconde lugares interesantes en la superficie, sino también bajo tierra. Su subsuelo es un laberinto de criptas, bodegas y pasadizos históricos que se han conservado de maravilla. Si buscas algo diferente, con un toque de misterio, la Trnava subterránea te va a encantar. Reserva antes la visita guiada. También visité criptas y catacumbas parecidas en Žilina y en París.
Hay criptas antiguas que sirvieron de lugar de descanso eterno y bodegas donde antes se guardaban vino y alimentos. Estos espacios demuestran la habilidad y la capacidad de planificación de quienes los construyeron. Durante la visita descubrirás para qué se usaban y por qué siguen siendo algo tan excepcional. A mí este tipo de espacios subterráneos secretos siempre me han encantado.


Las murallas de Trnava
Uno de sus símbolos más característicos son las murallas. Se conservan hasta hoy como un recuerdo imponente del esplendor medieval y de la importancia estratégica de Trnava. Se levantaron en el siglo XIII, poco después de que Trnava recibiera los privilegios de ciudad real libre.
En aquella época formaban una de las mayores fortificaciones de Europa Central. El sistema de murallas rodeaba toda la ciudad y se completaba con un foso de agua, puertas y torres defensivas. Los tramos que quedan están entre las fortificaciones medievales mejor conservadas de Eslovaquia. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que puedes pasear por ellas tranquilamente. Unas escaleras para subir están justo detrás de la basílica de San Nicolás.
La plaza de la Santísima Trinidad y el mercado navideño
La plaza de la Santísima Trinidad (Trojičné námestie) es, para mí, una de las plazas históricas más bonitas de Eslovaquia. Me gusta cómo combina la arquitectura tradicional con el brutalismo de la época comunista. La preside la columna de la Santísima Trinidad, que le da nombre. A su alrededor se alzan edificios históricos que forman el decorado perfecto para el mercado navideño.
Ponche caliente tradicional, vino caliente, pan de jengibre y especialidades locales de Trnava: todo eso te espera en el mercado navideño. Yo te recomiendo sobre todo el vino caliente de fresa 😀
- Consejo de Milan Ve al mercado navideño al caer la tarde. Es cuando la plaza está más bonita, iluminada con miles de luces y oliendo a vino caliente. Después, date el gusto de ver toda la plaza desde lo alto de la torre municipal. Una curiosidad: en 2025 Trnava celebró el centenario del encendido del árbol de Navidad en la plaza, y yo estuve allí.

La torre municipal de Trnava y su reloj mecánico
La torre municipal, que se alza en la plaza de la Santísima Trinidad, es una de las estampas más conocidas de Trnava. Se construyó entre 1574 y 1578 y en origen era una torre de vigilancia y de señales. Hoy es todo un punto de referencia, con unas vistas preciosas de la ciudad y sus alrededores.
Uno de sus grandes atractivos es el reloj mecánico, uno de los mecanismos de relojería en funcionamiento más antiguos de Eslovaquia. Lo instalaron en 1729 y todavía funciona. Hay que darle cuerda a mano todos los días, una prueba fascinante de la maestría de los relojeros. Pregúntale al guía, a lo mejor te deja darle cuerda, como me dejó a mí 🙂
Synagóga Café y la cafetería del teatro Ján Palárik
¿Un café? Pues en Trnava. Synagóga Café es uno de mis cafés favoritos de toda Eslovaquia. Este espacio tan especial nació en una sinagoga histórica restaurada. El local es moderno, pero conserva con mucho cuidado elementos originales del edificio, como los techos decorados y las vidrieras. Eso le da un ambiente inconfundible.
- Consejo de Milan En pleno centro, en el propio edificio del teatro, hay una cafetería con estilo y aire artístico: la del teatro Ján Palárik. Tiene buen café, algo ligero para picar y un ambiente agradable con vistas al bullicio del centro histórico. Y los pasteles, no te vayas sin probarlos.


La basílica de San Nicolás y el cuadro que, según la leyenda, salvó tres veces a Trnava
En mi visita anterior casi ni me fijé en este sitio, y es un error que no deberías cometer. La basílica de San Nicolás se levantó a caballo entre los siglos XIV y XV, en el lugar de una iglesia románica más antigua. Su construcción la financiaron incluso los propios reyes de Hungría: Luis I el Grande, Segismundo de Luxemburgo y Alberto de Habsburgo. Durante casi tres siglos, mientras el arzobispo de Esztergom tuvo aquí su sede, hizo de catedral provisional. Fue uno de los edificios más importantes de todo el Reino de Hungría. En la cripta bajo el templo están enterrados varios arzobispos y dignatarios de la Iglesia. Y aquí sigue uno de los órganos más antiguos de Trnava, en el que todavía se dan conciertos.
Justo al lado de la basílica verás el palacio arzobispal renacentista. En su día fue una residencia suntuosa. Hoy, por desgracia, es un edificio abandonado que se va deteriorando. Desde hace años no se puede entrar ni subir por las escaleras: parte del edificio la cerraron sin más por motivos de seguridad. Una pena, espero que algún día cambie.
Pero la historia más impactante de la basílica se esconde en una capilla lateral, donde cuelga el cuadro de la Virgen de Trnava. Según la tradición de la Iglesia, durante la amenaza turca de 1663 aparecieron lágrimas en el cuadro. Y los otomanos, inesperadamente, se alejaron de la ciudad. Unas décadas después, en 1708, durante la sublevación contra los Habsburgo, el cuadro habría llorado hasta tres veces en pocas semanas. El episodio está, además, bastante bien documentado: una comisión de la época tomó declaración bajo juramento a treinta y dos testigos.
En 1710, con la ciudad asolada por la peste, los vecinos organizaron una procesión con el cuadro. Según dicen, la epidemia se detuvo justo entonces. En recuerdo de aquello, en Trnava se sigue celebrando cada año una novena, nueve días de oración en noviembre. No sé si crees en los milagros, pero como historia de la ciudad es muy potente. Entiendo que el cuadro se convirtiera en lugar de peregrinación y que el templo tenga hoy también el título papal de basílica menor. Además, el guía me enseñó que la basílica guarda una reliquia con sangre del papa Juan Pablo II. Se la regaló hace unos años uno de los obispos de Cracovia.
La azucarera de Trnava, el corazón industrial de la ciudad
Aparte de los monumentos, tengo que incluir aquí uno de los capítulos más importantes de la historia industrial de Trnava. Cuando era niño, cruzábamos a menudo la ciudad en coche camino de casa de mi abuela.
Yo solía ir dormido en el coche, pero al pasar por aquí siempre me despertaba un olor intensísimo. ¿Qué era? El procesado de la remolacha azucarera. Hoy los edificios están abandonados y se van deteriorando, pero Región Trnava consiguió organizarme una visita guiada, algo que le agradezco muchísimo.
Breve historia de la azucarera de Trnava
La azucarera de Trnava tiene una larga historia. Los hermanos Vaymár hicieron los primeros intentos de procesar remolacha azucarera donde hoy está el barrio de Družba. Pero su primera azucarera cerró a los pocos años. La época clásica empezó con la fundación de una nueva fábrica, la Tyrnauer Zuckerfabrik, que más tarde pasó a manos de la familia Stummer. A lo largo de varias décadas la convirtieron en una de las azucareras más grandes y modernas de la monarquía austrohúngara.
Tras la nacionalización siguió funcionando con el nombre de Azucarera Peter Jilemnický, y desde los años noventa como Trnavský cukrovar, a. s. Aquí se produjo azúcar durante casi 135 años, hasta que en 2004 la producción se detuvo definitivamente.


Entre sus señas de identidad está la alta chimenea, que todavía hoy destaca en el perfil de la ciudad. Cuatro edificios del complejo están declarados monumento cultural nacional: el edificio principal de producción, los dos almacenes de azúcar y el edificio administrativo. Otra curiosidad: aquí se usaban vagonetas eléctricas de trole para llevar el azúcar a los almacenes. Era una innovación tecnológica muy avanzada para su época.
- CURIOSIDAD: La azucarera se construyó a las afueras de la ciudad, extramuros, algo que encajaba perfectamente con su carácter industrial. Con el tiempo, sin embargo, Trnava fue creciendo también más allá de las murallas, alrededor de la azucarera.
Hoy todo el recinto se está transformando en un barrio completamente nuevo, con viviendas, cultura, zonas verdes y servicios. Los edificios rehabilitados combinarán la arquitectura industrial protegida con obra nueva. Ojalá sea pronto 🙂
El parque inglés de la casa señorial de Voderady, el primero de su tipo en Eslovaquia
La casa señorial de Voderady ya te la he recomendado como alojamiento, pero detrás esconde algo que merece un capítulo propio. En 1794 el conde František Zichy encargó al arquitecto paisajista alemán Bernard Petri que transformara el antiguo jardín francés. Lo convirtió en un parque inglés, el llamado parque natural sentimental, muy de moda entonces. Así nació el primer parque de este tipo en el territorio de la actual Eslovaquia. En su día se habló de él incluso en publicaciones de jardinería extranjeras. Para conmemorar la reforma, el conde mandó levantar un obelisco de doce metros con una inscripción en latín. Por cierto, el obelisco todavía espera su restauración.
En el parque pusieron todo lo que pedía la moda de entonces: una gruta artificial con estalactitas, unas falsas ruinas de castillo con torres y puente levadizo, una ermita, una capilla y un viejo molino. Mi detalle favorito tiene que ver con uno de los últimos propietarios, el viajero Jozef Zichy. Recorrió Egipto, la península arábiga, el sur de la India, Malasia, Indonesia, Japón, China y Mongolia. De allí se trajo la inspiración para unas pagodas chinas. Una sigue en pie y la otra debería volver pronto al islote del centro del lago. Aquí tienes más ideas de excursiones cerca de Trnava.
Y luego está mi contraste favorito de todo el parque. La ermita es una pequeña construcción que debía parecer la morada de un ermitaño medieval. Hoy está reconstruida con una tecnología de lo más actual: la impresión 3D. Según me contaron los propios dueños, es el primer edificio de este tipo en Eslovaquia. El siglo XVIII hecho con tecnología del XXI: justo el tipo de detalle por el que me encanta viajar.
Los lagos del parque se alimentaban antes por gravedad desde el canal del molino, que tomaba el agua del arroyo Gidra. Hoy, con ese canal seco, los rellena una bomba. Incluso se podía nadar en ellos: había casetas para cambiarse y al islote solo se llegaba en barca. Cuando fuimos a verlos, acabamos también nosotros en una barca, a los remos. No estaba en el plan, pero no me arrepiento. En la época comunista funcionaba aquí una escuela agrícola con establos y gallineros. Y tras la Revolución de Terciopelo, un particular llegó a construirse una casa dentro de las falsas ruinas, con ventanas y contraventanas.
Desde hace dos o tres años, la familia Bohdal restaura el parque a fondo. Lo hace con el restaurador Palo Ďurko, que insistió en réplicas exactas de cerámica. Es un buen contraste con un parque parecido en Dolná Krupá, del que te hablo más abajo. Ese es del Estado y su restauración se eterniza entre trámites burocráticos. El parque de Voderady, además, está abierto al público: en verano hay barbacoas los jueves y en Navidad, una cena de cata.
- Consejo de Milan Con el apoyo del Ministerio de Turismo y Deporte eslovaco, Trnava organiza visitas guiadas gratuitas con salida garantizada. En verano salen los días laborables a las 10:30. Son ideales si viajas por tu cuenta. Los viernes y sábados por la mañana, además, hay mercado en la plaza.

Terra Parna, la bodega donde por fin entendí por qué el Modrý Portugal no es portugués
La bodega Terra Parna está en Ružová dolina, junto a Suchá nad Parnou. Ocupa unos terrenos que en su día pertenecieron a una orden religiosa y le servían de residencia de verano. La torrecita de piedra con una cruz que casi todos toman por una capilla es en realidad un depósito de agua. La construyó un monje del lugar. En los años treinta, la gente acomodada de Trnava se hizo aquí villas de verano. Según un vecino, porque Trnava no tenía alcantarillado y en verano la ciudad olía fatal. De sus viñas se ocupaba la gente del pueblo. Había tres viechy, las tabernas donde los viticultores servían su propio vino, y el café U Viežličiek.
Hoy llevan la viña dos de las tres hijas de Jožo, que la plantó en 2003. Una estudió viticultura y la otra Luxury Branding & Fashion en Grenoble, y entre las dos trabajan casi 8 hectáreas.
Aquí escuché la mejor historia de todo el viaje, la de la variedad Modrý Portugal (Portugieser). Siempre había pensado que el nombre significaba algo, que la uva venía de verdad de Portugal. Pues no. Los análisis genéticos no han encontrado ningún parentesco con variedades portuguesas, y los ampelógrafos portugueses rechazan cualquier relación. La única pista es una leyenda que se sigue contando: hacia 1770, al conde Fries, de Vöslau (Austria), le habrían traído esquejes precisamente de Portugal. Jožo, el padre, eligió el Modrý Portugal para su viña de una forma muy distinta. Fue preguntando a las abuelas del pueblo qué se había dado bien aquí de toda la vida. Por si fuera poco, en la época comunista la variedad se ganó mala fama. Se sobrecargaban las cepas y de un suelo sobreabonado salía un vino aguado y sin cuerpo.
Igual de bonita es la explicación de por qué el riesling renano envejecido huele a veces a gasolina. No es un defecto, sino un compuesto con nombre de trabalenguas: el trimetil-dihidronaftaleno. Se forma en la propia viña cuando la uva recibe mucho sol. Y un detalle para terminar. En algunas añadas, las mariquitas de los racimos pueden darle al vino un amargor característico si el viticultor no las separa en la vendimia.
Aquí también aprendí a distinguir una barrica honrada de la que solo lo parece. Una barrica de roble de verdad cuesta a partir de 500 €. Dentro se produce una microoxigenación lenta y los taninos se van puliendo con el tiempo. La vía barata son las virutas de madera echadas en un depósito de acero inoxidable. Dan al vino un aroma parecido, pero no el mismo proceso. La vendimia aquí es cien por cien manual. La bodega la construyeron en medio de la viña para que la uva viaje lo mínimo y no se oxide. Su Sauvignon 2025 salió especialmente aromático justo porque enfriaron la uva en un camión frigorífico durante la vendimia.
En los buenos años dejan el Alibernet en la cepa hasta que el termómetro baja de siete bajo cero. Así sale una vendimia helada con casi 300 gramos de azúcar. Pero en la última añada, muy lluviosa, se les pudrió todo antes de tiempo. Las últimas botellas de la cosecha anterior acabaron en restaurantes con estrella Michelin de Inglaterra. Justo el tipo de rareza sobre la que merece la pena escribir.
Hoy la mayor parte del negocio gira en torno a la experiencia. Las cenas de cata se agotan con meses de antelación y en junio montan una fiesta para cuatrocientas personas. También hay bodas, y hasta sesiones de barre y pilates con brunch. En facturación, el vino queda en segundo lugar. Para ser justo, tengo que contar también lo que aquí no funciona. La Ruta del Vino de los Pequeños Cárpatos (Malokarpatská vínna cesta) murió como concepto. Faltaba una garantía de calidad y se sirvió muchísimo vino que nadie pagó. Su sucesora, Chuť Malých Karpát (Sabor de los Pequeños Cárpatos), con entradas y solo bodegueros certificados, este año ya no tendrá edición: tampoco aguantó. Pienso en Moravia del Sur o en Austria, donde una viña sigue a otra y hay rutas ciclistas por todas partes. Aquí, en cambio, una infraestructura así sencillamente no ha cuajado todavía. Los bodegueros ni siquiera compiten entre ellos. Su verdadero rival es el vino importado que llena las cartas de los restaurantes. Y también quienes venden vino español a granel como si fuera eslovaco.
La sequía también se nota: hay un pozo de cien metros sin agua. Mientras, a pocos kilómetros, en Doľany, el agua brota como un géiser desde cuarenta metros. Smolenice se quedó completamente sin agua hace unos años. Una región con tantas viñas y tan expuesta a los caprichos del tiempo: es un detalle que conviene tener en cuenta.
Medolandia y la rosaleda de la condesa de las rosas, a la que le gustaba Beethoven
Dolná Krupá es el pueblo de la música y de las rosas, y se merece de verdad los dos apodos. A principios del siglo XIX venía aquí a dar clases de piano nada menos que Ludwig van Beethoven. Se alojaba con la familia Brunsvik y enseñaba a sus hijas. Una de las Brunsvik se casó más tarde con un Chotek. De esa rama familiar viene la mujer por la que hoy acuden aquí amantes de las rosas de toda Eslovaquia.
La condesa Marie Henriette Chotek (Mária Henrieta Choteková) nació en 1863 aquí mismo, en Dolná Krupá. Creó una de las mayores rosaledas privadas de toda Europa. En su época de mayor fama, hacia 1910, crecían en ella más de 6000 variedades de rosas. Las exportaba a toda Europa, a Estados Unidos y a Canadá. Los rosalistas extranjeros la tenían por la mayor autoridad en la materia. Para una mujer de aquel cambio de siglo, era una posición realmente insólita. Ella se veía más como cultivadora que como obtentora, y aun así creó cuatro variedades propias. La más conocida es la Ignis, de un rojo fuego y muy perfumada, de 1934.
La rosaleda fue decayendo desde la crisis económica de los años treinta. La Segunda Guerra Mundial le dio el golpe final: después de 1945 no quedó prácticamente nada. La condesa murió en 1946, sola y sin familia, en el convento de Dolná Krupá, donde la cuidaban las monjas. La finca pasó al Estado, los terrenos se parcelaron y en parte de ellos hay hoy casas normales y corrientes. La casa señorial pertenece ahora al Museo Nacional Eslovaco.
Pero la historia tiene una continuación bonita. En 2019 la familia Kudláč, dueña de Apimed, productora de hidromiel, fundó una nueva rosaleda cerca del lugar original. Con ella retoman el legado de la condesa. Incluso consiguieron la Ignis, la rosa que había creado ella misma y que solo se conservaba en Sangerhausen, en manos de rosalistas alemanes. La volvieron a plantar en Dolná Krupá, en un lugar de honor.
Medolandia y la cata de hidromiel
La misma familia lleva también Medolandia, un recinto para visitantes levantado entre las ruinas de los antiguos edificios agrícolas de la condesa. Los reconocerás por la alta chimenea de la antigua destilería. Su filosofía es sencilla: el hidromiel es la miel con alma de vino. Además, por ley solo puede llamarse hidromiel una bebida de miel, agua y levadura. Así que el hidromiel sin alcohol del que a veces se habla técnicamente ni siquiera lo es.
Sus hidromieles estrella son el Staroslovanská svetlá (claro), solo de miel de acacia, y el Staroslovanská tmavá (oscuro), más denso y dulce, de miel de bosque. Pero el más popular en los mercados navideños es su especiado Trnavská, de miel de flores con canela y clavo. Toda la miel la compran a unos 150 apicultores eslovacos que ellos mismos seleccionan. Antes de comprarla, la analizan en laboratorio. Como la miel cambia cada año, el arte de los técnicos está en que el cliente no note la diferencia entre añadas. El nuevo madura menos, el más viejo hasta un año entero, y el resultado tiene que saber igual.
Lo más escaso para ellos es la miel de bosque, que no hay todos los años. También escasea la de castaño: simplemente no se produce bastante para los volúmenes que manejan. Y tienen su propio hidromiel de rosas, para el que hacen justo lo contrario que al podar los rosales. Cortan las flores más bonitas, les quitan los pétalos a mano y los dejan macerar semanas en el hidromiel. Se llama Mária Henrieta.
- Consejo de Milan La entrada al recinto con la rosaleda cuesta 5 € de mayo a septiembre; escolares, estudiantes y jubilados pagan 4 €. De octubre a abril la entrada es gratis. En verano mandan las rosas; en invierno, el hidromiel y el pan de jengibre, y el fin de semana también abre la cafetería.



Dónde comer y adónde ir a catas de vino y de hidromiel cerca de Trnava
Como ya te adelantaba, la región de Trnava es tierra de catas de vino y de hidromiel. Tanto si es Navidad como si vas en bici por la zona, a cada paso hay bodegas con catas de sus propios vinos para quien pase por allí. También tienen experiencias gastronómicas y sitio para dormir. De Terra Parna y Medolandia, dos lugares que se ganaron su propio capítulo, ya te he hablado más arriba. Aquí va el resto de lo que he visitado estos últimos años.
La bodega Vína z Mlyna, su pato asado y su vino de misa
La bodega Vína z Mlyna está en Doľany y es conocida por elaborar vinos de calidad fieles a las tradiciones vinícolas de la zona. Tienen incluso licencia para hacer vino de misa, jaja. Pruébalo: su elaboración pasa por condiciones mucho más estrictas que la del vino normal. Y el permiso para hacer vino de misa solo se lo dan a bodegueros de confianza 🙂
Esta zona tiene una larga tradición vitícola. La bodega apuesta por métodos naturales de elaboración, con lo que sus vinos conservan el carácter de la región. Organizan catas de vino con cena, un auténtico placer si te gusta el vino. Y para acompañar hay productos locales que van de maravilla con sus vinos.
- Consejo de Milan No es un restaurante, sino una bodega, así que hay que reservar y concertar la visita con antelación.

La bodega Mrva & Stanko
Mrva & Stanko nació en 1997 de la mano de un enólogo con experiencia internacional y de un publicista. Trae a Eslovaquia vinos modernos, ligeros, frescos, frutales y con un marcado carácter varietal. Trabaja con viticultores de confianza y elabora la uva por su cuenta para tener un control total de la calidad. Produce unas 360 000 botellas al año y no pasa de ahí para mantener el nivel.
Más allá de la oferta habitual, tiene un archivo privado donde guardar vinos de alta gama si en casa no tienes las condiciones adecuadas. A mí el archivo me recordó al banco Gringotts de Harry Potter, jaja. Su rosado ganó una medalla de oro en París. En la elaboración usan también un depósito de hormigón, que no aporta al vino ningún matiz indeseado.

La bodega Karpatská Perla
Karpatská Perla ve su vino como un organismo vivo que empieza en la tierra y termina en la copa. Suena a tópico del mundo del vino. Pero después de hablar con el dueño noté que se cree lo que dice y que siente una pasión enorme por la uva.
Todo se basa en el carácter particular de los Pequeños Cárpatos, donde el subsuelo se encuentra con el sol, la lluvia y el viento. Trabajan sus propias viñas, todas a menos de sesenta kilómetros, con el máximo respeto por la naturaleza, y cultivan la uva en ecológico. Según su filosofía, el vino no se hace en la bodega, sino en la viña.
«El suelo y la ubicación son la base, pero lo fundamental son las personas», me dice el dueño. Una viña es ante todo trabajo manual, que exige humildad y ganas de hacer las cosas bien. Elaboran la uva solo en su propia bodega para tener el control total de la calidad. Y desde el principio cuidan el suelo, el emplazamiento y las variedades. El vino debe ser no solo una bebida, sino también una experiencia cultural. El lugar y la forma de catarlo importan tanto como lo que hay dentro de la botella.
Cata de hidromiel en Smolenice
Pero me quedo un poco más con ese «aire internacional», solo unos kilómetros más allá. En Smolenice puedes vivir un ambiente navideño muy especial en Nektária Smolenice, a los pies del castillo de Smolenice. Este recinto apícola se decora por Navidad y, además del mercado navideño tradicional, todo gira en torno a la miel. Puedes probar distintos hidromieles, burčiak de miel (una bebida joven que aún está fermentando) y otras bebidas de miel.
También hay puestos de comida con hamburguesas, tacos, halušky (ñoquis de patata), pizza y otros platos de todo el mundo. Y no se olvidan de las opciones vegetarianas y sin gluten. Nektária organiza además eventos temáticos, como el Medokvas de primavera, el de verano y el nocturno. En ellos puedes disfrutar de catas de hidromiel y otros productos de miel en el ambiente romántico y misterioso de su jardín apícola.
Yo les dije a los dueños que deberían subir la entrada, porque lo que ofrecen aquí vale mucho más 🙂
Bistro PERK
Bistro PERK, en el centro de Trnava, es un sitio que apuesta por ingredientes frescos, locales y de temporada. La cocina es abierta, así que puedes ver cómo se prepara la comida y enterarte de dónde sale cada producto. Los sábados sirven brunch, ideal para un rato tranquilo de fin de semana.
Los platos cambian con la temporada, así que siempre hay algo fresco y local. Las raciones más pequeñas del menú degustación te permiten probar más platos y convertir la comida o la cena en algo especial. El bistró me pareció acogedor y discreto, pero con alma: un ambiente sobrio, un servicio amable y un trato relajado. Un buen local no tiene que ser grande ni estar lleno para que comer allí merezca la pena. Este es ideal si valoras la comida fresca y un ambiente original.

Visita a la casa señorial de Voderady: cena y alojamiento
La casa señorial de Voderady no es solo un decorado con pasado aristocrático. Es un sitio donde puedes dormir de verdad y vivir un ambiente que parece una burbuja tranquila, apartada del mundo. Las habitaciones son modernas, pero dejan espacio al carácter del edificio histórico. Así que no te sientes ni en un museo al aire libre ni en un hotel aséptico. Y no te pierdas su restaurante. Yo pedí el menú austrohúngaro y comí de lujo.
La ventaja es que te alojas dentro del gran parque inglés del que te hablé más arriba. Transmite calma y tiene algo de cuento. Si necesitas escaparte de la ciudad, un respiro creativo o un fin de semana romántico, este es tu sitio. Y pronto terminarán el nuevo spa.


¿Qué ver en Trnava? Ya lo sabes 🙂 ¡A viajar a Trnava! Las actividades de Región Trnava se realizan con el apoyo financiero del Ministerio de Turismo y Deporte eslovaco.
Milan Bez Mapy





